viernes, 29 de junio de 2007

Irán, Hamastán, Fatahland y Disneyland (Israel)

Mario Wainstein analiza en este interesante artículo de opinión la actual situación del conflicto israaelo - palestino y rebate uno de los grandes tópicos de los intelectuales europeos, el que atribuye la guerra civil palestina y la propia existencia del conflicto israelo - palestino a la ocupación de los territorios del 67. En efecto, esos intelectuales y periodistas no se dan cuenta que la ocupación es sólo una consecuencia del conflicto, la causa es la existencia misma del propio estado de Israel, un hecho que ni los palestinos ni los países árabes vecinos, salvo casos excepcionales y a regañadientes, no han podido ni aceptar ni digerir.
Irán, Hamastán, Fatahland y Disneyland (Israel).
Por Mario Wainstein.
El resultado del golpe de estado asestado por Hamás es ominoso cuando se lo enuncia como lo que es: una colonia de Irán al lado de Israel. A diferencia del otro brazo del régimen de los ayatolas, en la frontera norte, que es una milicia dentro de un Estado que hace lo posible por prevalecer, en Gaza la milicia es el Gobierno y el Gobierno es el fundamentalismo islámico.
Es probable que el propio Hamás se haya sorprendido por la rapidez y facilidad con las cuales conquistó toda la Franja de Gaza, y es seguro que se asustó más que nadie cuando se vio con todo el botín de guerra en las manos. Si antes podía cumplir con el rol de niño travieso escudándose detrás de la apariencia sensata de Mahmud Abás y Al Fatah, ahora ese juego se acabó y debe enfrentarse al mundo entero como lo que es sin atenuantes, ateniéndose a las consecuencias.
Los que solían hacer propaganda diciendo que los palestinos son los judíos de ahora, del siglo XXI, no se imaginaban hasta qué punto tendrían razón. Porque si es cierto que un judío es aquel que cuando llega a una isla desierta construye dos sinagogas, para que haya una a la cual él no concurre, los palestinos son los que se crean dos Estados para no vivir en paz en ninguno de los dos.
Ingenuo yo, que en mi juventud coreaba en los desfiles y manifestaciones la consigna ``Dos Estados para dos pueblos''. Ahora se trata de dos Estados para un solo pueblo. ¿Dos Estados? En el Reino Hashemita de Jordania los palestinos son abrumadora mayoría y si algún día cae la monarquía, Jordania será palestina. Además, existe la ambición declarada, por parte de los partidarios de Azmi Bishara y Abraham Burg, por ejemplo, de que también Israel deje de ser un Estado judío y pase a serlo de ``sus ciudadanos'', con lo cual habremos de tener cuatro modelos de Estado palestino, para todos los gustos: islámico en Gaza, nacionalista laico en Cisjordania, binacional en Israel e incierto, con gusto a menta y chocolate, en Jordania.
Mientras tanto, están librando sus guerras de las cuales ya ahora acusan a Israel, de haberlas promovido y de ser su causal. Lo dicen ellos, y lo repiten de inmediato los del ``coro del amén'' del mundo civilizado de afuera y de adentro. Porque la culpa de los asesinatos, en definitiva, la tiene la ocupación, como es bien sabido. La ocupación lo explica todo porque es la cusa de todo: del asesinato despiadado en plena calle a la vista de todo el mundo, de la denigración absoluta de la mujer, del terrorismo indiscriminado, de la perpetuidad de la condición de refugiado, del calentamiento del planeta, del fracaso de la selección juvenil en el Campeonato Europeo.
De manera que todas las barbaridades que hagan los integristas o sus rivales en Gaza pertenecerán a una de dos categorías: serán resultado y consecuencia de la ocupación israelí, o en su defecto, producto de una cultura diferente que debe ser respetada como tal. O ambas cosas. Con ese razonamiento, un intelectual europeo de vanguardia puede -incluso debe, según él- justificar y entender el avasallamiento de los derechos de la mujer, la persecución y ejecución sumaria de adúlteras y homosexuales, si se cometen en Gaza, y al mismo tiempo reivindicar esos derechos avasallados en su propia sociedad como logros universales y criticar a Israel porque limita el desfile gay en Jerusalén a escasos 500 metros.
La ocupación israelí ha sido despiadada. Todas las ocupaciones lo son. Cuanto antes se le ponga fin, mejor será para todos, especialmente para los israelíes. Pero una vez deducidos los intereses puramente colonialistas, nacionalistas y económicos de esa ocupación -intereses que lamentablemente existieron y existen- quedará el interés más genuino e irreducible: el de la defensa y la seguridad. Es un interés que Occidente no entiende cabalmente, porque ningún otro país vive bajo amenaza a su existencia. Pero la verdad es que allí y no en la ocupación está el verdadero meollo del conflicto. La ocupación tan mentada, es en realidad un subproducto de esa amenaza. No hubiese existido sin ella. Pero la más valiosa de las pruebas de que la ocupación no tiene que ver con las raíces del conflicto, reside en la decisión de la Asamblea de la ONU del 29 de noviembre de 1947, hace casi exactamente 60 años. En esa oportunidad se aprobó una partición en dos Estados, uno judío y otro árabe -es decir "palestino'' en la jerga de nuestros días- en fronteras que parecen hechas por un niño travieso y caprichoso. El trazado se debía a la declarada intención de contemplar dos principios fundamentales: partir el territorio en partes iguales en cuanto a su superficie (52% al Estado judío, 48% al palestino), y erigir ambos Estados en los lugares en los cuales viven de hecho sus habitantes, desde el punto de vista étnico. El Estado judío surgiría en el territorio en el cual ya vivían los judíos, y lo mismo con respecto al Estado palestino.
Cuando los palestinos no aceptaron la propuesta y de hecho comenzaron lo que los israelíes conocen como "guerra de liberación'' y ellos como "nakba'', el desastre que provocó el problema de los refugiados, lo que no aceptaban no era "la ocupación'' sino la mera presencia judía, pacífica, en territorios adquiridos en forma legal, sin uso de la fuerza. Esa oposición a la presencia judía, a la legitimidad del Estado de Israel, es la raíz y la base de todo el conflicto, no la ocupación.
¿Para qué ir más lejos? Si el problema reside en la ocupación de esos territorios que Israel conquistó en la Guerra de los Seis Días de 1967, ¿por qué estalló esa guerra, si esos territorios estaban en poder de Jordania y Egipto? Peor, la pregunta es por qué no se exigió la creación del Estado palestino en esos territorios durante los casi veinte años que estuvieron administrados por esos países árabes.
Es por eso que la solución al conflicto no reside en la retirada israelí de esos territorios, una retirada que anhelo desde hace décadas. No nos hacemos ya ilusiones de que la fórmula es tan sencilla como "territorios por paz''. Los territorios (es decir: la ocupación) no son el motivo del conflicto, y por lo tanto tampoco son la clave de su solución.
Lo lamento, pero los palestinos como sociedad aún no han llegado a la etapa de la renunciación ideológica para ganar la jugada política. Fue ingenuo de mi parte creer que Arafat cruzaba el Rubicón, cuando en realidad la única diferencia que tenía con Hamás era táctica. Hamás dice ingenuamente la verdad: que no reconoce ni legitima al Estado de Israel en ninguna hipotética frontera y lo máximo que estará dispuesto a conceder, a cambio de todos los "territorios" y la solución del problema de los refugiados, es un cese de fuego por algunos años. La negociación será, en todo caso, en torno a la duración de la tregua. Arafat dijo, en cambio, invocando la anécdota de Mahoma en el Corán, que estaba permitido mentir para lograr el objetivo.Todo demuestra que en el Oriente Medio hay que hacer el camino al revés: en cualquier otro lado hay que lograr la paz para obtener seguridad, en tanto que aquí sólo logrando seguridad es probable que se llegue a la paz. Pero ese ya es otro tema, para otra oportunidad.

1 comentario:

BuenaPrensa dijo...

Hola!
Quería saber si me podías pasar el codigo para poner en la barra lateral izquierda el video de Pallywood como lo tenés vos.
Mandamelo por email o dejamelo en un comentario en mi blog.
Saludos!
BP