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martes, 4 de diciembre de 2007

El fracaso de la militarizada política exterior norteamericana

Estimados lectores:
Os dejo con este interesante articulo de Jeoffrey D. Sachs en el que analiza los errores de la militarización de la política exterior estadounidense y especialmente de la venta de armas a países "amigos" de Oriente Próximo y Ásia Central. Lamento no haber posteado nada acerca de la cumbre de paz de Annapolis pero no creo que aporte nada para acercarnos al fin del conflicto. Quizás sólo sirva para lavar la mala imagen de G. Bush en el mundo árabe - islámico y para alejar a Siria de su estratégica alianza con la teocracia iraní. Aunque si este objetivo se lograra ya se habría logrado algo. Los palestinos pues como siempre, con su doble mensaje. Este Sábado, Mahmud Abbas afirmó en Arabia Saudí que no pensaba reconocer a Israel como estado judío. Supongo que querrá negociar para tener dos estados palestinos... pues el tercero es la República Islámica de Gaza en manos de Hamas.
El Fracaso de la militarizada política exterior estadounidense.
por: Jeoffrey D. Sachs.
Muchas de las zonas actuales de guerra –incluidos el Afganistán, Etiopía, el Irán, el Iraq, el Pakistán, Somalia y el Sudán– comparten problemas básicos que están en la raíz de sus conflictos. Todas ellas son pobres, están sacudidas por desastres naturales –en particular, inundaciones, sequías y terremotos– y tienen una población en rápido crecimiento que presiona sobre la capacidad de la tierra para alimentarla. Además, la proporción de su juventud es muy elevada y rebosan de jóvenes en edad militar (de edades comprendidas entre 15 y 24 años).

Sólo mediante un desarrollo económico sostenible a largo plazo se pueden resolver todos esos problemas. Sin embargo, los Estados Unidos, al intentar abordar todos los conflictos por medios militares, persisten en reaccionar ante los síntomas y no ante las condiciones subyacentes. Respaldan al ejército etíope en Somalia. Ocupan el Iraq y el Afganistán. Amenazan con bombardear el Irán. Apoyan la dictadura militar en el Pakistán.
Ninguna de esas acciones militares aborda los problemas que provocan conflictos en primer lugar. Al contrario, las políticas americanas suelen agravar la situación en lugar de resolverla.
Una y otra vez, ese planteamiento militar vuelve a asediar a los Estados Unidos. Este país se puso de parte del Sha del Irán al enviarle armamento en gran escala, que cayó en manos del gobierno revolucionario iraní en 1979. Después los EE.UU. respaldaron a Sadam Husein en su ataque al Irán hasta que acabaron atacando al propio Sadam. Los EE.UU. respaldaron a Osama ben Laden en el Afganistán contra los soviéticos hasta que acabaron luchando contra él. Desde 2001, los EE.UU. han apoyado a Pervez Musharraf en el Pakistán con más de 10.000 millones de dólares y ahora afrontan un régimen inestable que apenas si sobrevive.

La política exterior de los EE.UU. es tan ineficaz porque se han hecho cargo de ella los militares. Incluso la reconstrucción posterior a la guerra en el Iraq bajo la ocupación encabezada por los EE.UU. fue dirigida por el Pentágono y no por organismos civiles. El presupuesto militar de los EE.UU. domina todos los aspectos de la política exterior. Sumando los presupuestos del Pentágono, las guerras del Iraq y del Afganistán, el Departamento de Seguridad Interior, los programas de armas nucleares y las operaciones de ayuda militar del Departamento de Estado, los EE.UU. gastarán este año unos 800.000 millones de dólares en seguridad, en comparación con los menos de 20.000 millones de dólares dedicados al desarrollo económico.

En un artículo sensacional sobre la ayuda al Pakistán durante el gobierno de Bush, Craig Cohen y Derek Chollet demostraron el carácter desastroso de ese planteamiento militarizado… incluso antes de que el vacilante régimen de Musharraf adoptara las últimas medidas represoras. Muestran que, pese a que el Pakistán afronta enormes problemas de pobreza, población y medio ambiente, el 75 por ciento de los 10.000 millones de dólares de ayuda americana han ido destinados al ejército pakistaní, al parecer para reembolsar al Pakistán su contribución a la “guerra contra el terror” y para ayudarlo a comprar F-16 y otros sistemas de armamento.

Otro 16 por ciento fue directo al presupuesto pakistaní, nada que objetar. Para el desarrollo y la asistencia humanitaria, quedó menos del 10 por ciento. La ayuda anual de los EE.UU. para la educación en el Pakistán ha ascendido a tan solo 64 millones de dólares, es decir, el 1,16 por niño en edad escolar.

Los autores observan que “ya en fecha temprana la formulación de la orientación estratégica para el Pakistán corrió a cargo de un círculo reducido en la cima del gobierno de Bush y se ha centrado en gran medida en el esfuerzo bélico más que en la situación interna del Pakistán”. También subrayan que “la aportación de los EE.UU. al Pakistán está muy militarizada y centralizada y muy poco de ella llega a la inmensa mayoría de los pakistaníes”. Citan estas palabras de George Bush: “Cuando [Musharraf] me mira a los ojos y dice… que no habrá talibanes y no habrá Al-Qaeda, lo creo, ésa es la verdad”.
Ese planteamiento militarizado está conduciendo al mundo a una espiral descendente de violencia y conflictos. Todos los nuevos sistemas de armamento “vendidos” o entregados a esa región multiplican las posibilidades de extensión de la guerra y nuevos golpes militares y de que las armas se vuelvan contra los propios EE.UU. Nada de eso ayuda a abordar los problemas subyacentes de pobreza, mortalidad infantil, escasez de agua y falta de medios de vida en lugares como la Provincia Nordoccidental Fronteriza del Pakistán, la región sudanesa de Darfur o Somalia. Esos lugares rebosan de personas que afrontan una tensa y apurada situación de escasez de lluvias y pastizales degradados. Naturalmente, muchos se adhieren a las causas radicales.

El gobierno de Bush no reconoce esas amenazas demográficas y medioambientales básicas ni que los 800.000 millones de dólares de gasto en seguridad no aportarán riegos al Afganistán, al Pakistán, al Sudán y a Somalia, por lo que no aportarán la paz. En lugar de ver a personas reales en crisis, ven caricaturas, un terrorista a la vuelta de todas las esquinas.
Sólo cuando los americanos y otros empiecen a ver las cosas con los ojos de sus supuestos enemigos y comprendan que los conflictos actuales, al ser resultado de la desesperación y la desesperanza, se pueden resolver mediante el desarrollo económico en lugar de la guerra, será posible un mundo más pacífico. Tendremos paz cuando prestemos atención a las palabras del Presidente John F. Kennedy, quien, unos meses antes de su muerte, dijo: “Pues, en última instancia, nuestro vínculo más básico es el de que todos vivimos en este pequeño planeta. Todos respiramos el mismo aire. A todos nos preocupa mucho el futuro de nuestros hijos y todos somos mortales”.

lunes, 22 de octubre de 2007

El arte del gobierno suicida estadounidense

Estimados lectores:

El ex embajador de Israel en España y ex ministro de asuntos exteriores de su país, Shlomo Ben Ami, en este interesante artículo, nos habla de la errónea estrategia para Oriente Medio diseñada por la administración Bush.

Siete años después de la llegada de Bush a la casa blanca, los resultados no pueden ser más negativos: no se ha conseguido democratizar la zona ni introducir importantes reformas democráticas en los países árabes aliados de EEUU, se ha dado alas al islamismo político y a los grupos yihadistas, se han avivado las diferencias y los conflictos intercomunitarios entre sunníes y chi´ies, y con la desastrosa invasión de Irak se ha favorecido los intereses de la República Islámica de Irán, que se ha convertido en una potencia emergente capaz de desestabilizar todo Oriente Medio.
Sin más preambulos os dejo con la lectura del brillante artículo de S. Ben Ami.


El arte de gobernar suicida.

por Shlomo Ben Ami.

Fuente: project Syndicate.
Desde su victoria en la Guerra Fría, la hegemonía global de Estados Unidos se basó en tres pilares: el poder económico, el poderío militar y una enorme capacidad para exportar su cultura popular. El reciente surgimiento de otras potencias -la Unión Europea, China, India y una Rusia que se propuso recuperar el status perdido- erosionó la capacidad de Estados Unidos de forjar los hechos de manera unilateral.
Aún así, Estados Unidos sigue siendo, por lejos, el país más poderoso del mundo; su decadencia tiene más que ver con el uso incompetente que hizo del poder que con la aparición de competidores. La culpa de la situación de Estados Unidos debe recaer en el "arte de gobernar suicida" de los líderes norteamericanos, para usar la frase suscinta de Arnold Toynbee para referirse a lo que él consideraba la máxima causa del colapso imperial.

Consideremos el caso de Oriente Medio. Nada revela mejor la caída de Estados Unidos en la región que el contraste entre el uso sobrio del poder por parte de Estados Unidos en la primera Guerra del Golfo en 1991 y la arrogancia y el engaño de la guerra de Irak hoy.
En 1991, Estados Unidos forjó la coalición internacional más formidable desde la Segunda Guerra Mundial y la condujo a una guerra plenamente legítima destinada a restarurar el equilibrio regional después de la invasión de Kuwait por parte de Saddam Hussein. En 2003, Estados Unidos fue a la guerra sin sus aliados transatlánticos después de manipular afirmaciones falsas. Al hacerlo, Estados Unidos se embarcó en una gran estrategia absurda que aspiraba no menos que a desmantelar simultáneamente el régimen tirano de Irak, reestructurar todo Oriente Medio, destruir a Al Qaeda y ayudar a la democracia a arraigarse en todo el mundo árabe.



El resultado ha sido un fracaso total: derrota militar y una seria degradación de la condición moral de Estados Unidos. En lugar de socavar al Islam radical, Estados Unidos lo legitimizó, en Irak y otras partes. De hecho, lo que hoy forjará el futuro de la región no es la democracia, sino la división violenta entre chiítas y sunitas que precipitó la guerra de Irak. Esta guerra civil musulmana es lo que le permite a Al Qaeda ganar una reserva cada vez mayor de reclutas.
Dado que Irak probablemente se convierta en el primer país árabe en ser gobernado por chiítas y, por lo tanto, integrado a un imperio iraní chiíta en expansión, los aliados sunitas de Estados Unidos en la región hoy consideran a Estados Unidos un país inconfiable. Por cierto, Estados Unidos es visto prácticamente como uno de los incitadores del infortunio monumental del Islam, el renacimiento chiíta. Tampoco el evangelio de la democracia es de especial agrado de los aliados árabes de Estados Unidos, ya que el llamado a la democratización no hizo más que envalentonar a los islamistas a desafiar a las elites incumbentes por el poder.

Sin duda alguna, el violento fundamentalismo islámico tiene raíces más profundas en la mortecina promesa del nacionalismo árabe. Pero el espurio mensaje democrático de Estados Unidos terminó alienando tanto a sus aliados regionales conservadores, ya que le dio un nuevo impulso al Islam político, que puede usar las urnas como camino al poder, y a los islamistas, cuyos réditos electorales luego son rechazados por Estados Unidos.
El mayor disparate estratégico de Estados Unidos en Oriente Medio tiene que ver casi indiscutiblemente con el surgimiento del poder iraní. Al destruir a Irak como una fuerza regional de contrapeso, Estados Unidos le asestó un duro golpe a sus aliados tradicionales en el Golfo, para quienes Irak representaba una barrera contra las ambiciones iraníes. Estados Unidos le ofreció a Irán en una bandeja de plata activos estratégicos que la revolución de Khomeini no logró adquirir ni en ocho años de guerra contra Saddam ni en sus intentos infructuosos de exportar la revolución islámica en toda la región. De la misma manera, el programa nuclear de Irán cobró impulso gracias a su sensación de impunidad después del colosal fracaso en Irak del concepto de "guerra preventiva" de Estados Unidos.

La calamitosa experiencia militar de Estados Unidos en Irak lo dejó estratégicamente disminuido. Irak ahora se ha convertido en el terreno de juego de Dios, y a Estados Unidos sólo le queda la esperanza de alcanzar una módica estabilidad allí sólo con la ayuda de otras potencias regionales. De todos modos, Estados Unidos seguirá siendo el actor externo más influyente en Oriente Medio, ya que su fracaso es un fracaso de liderazgo, no de poder real. Humillado por la derrota militar, Estados Unidos puede recuperar su relevancia regional sólo si evita el pecado de la arrogancia y aprende a liderar sin intentar dominar.
Esto requiere comprometer a fuerzas revolucionarias como Irán y Siria; respetar más que condenar al ostracismo a aquellos movimientos islámicos que optaron por apartarse de la jihad en favor de la participación política, y liderar una alianza internacional para una paz árabe-israelí basada en la iniciativa de la Liga Arabe.
De hecho, la paradoja de las políticas perniciosas de Estados Unidos en Irak es que crearon condiciones favorables para una paz árabe-israelí, ya que el surgimiento de Irán y la amenaza de un tsunami fundamentalista concentraron las mentes árabes en la urgencia de un acuerdo con Israel. La cuestión palestina no es la causa de todos los males de Oriente Medio, pero su resolución mejoraría drásticamente la postura de Estados Unidos entre los árabes. Más importante aún, le negaría a Irán la capacidad de asociar las populares causas islámica y árabe con sus propias ambiciones hegemónicas.

lunes, 15 de octubre de 2007

La matanza de Haditha: un crimen que no puede quedar impune

Estimados lectores:

La población civil iraquí ha sido el colectivo más perjudicado con la invasión estadounidense del país árabe en Marzo del 2003. Los civiles son víctimas de las luchas sectarias, del terrorismo, de la pobreza, de la delincuencia organizada y también de la violencia arbitraria de las tropas estadounidenses. Un ejemplo de esto lo tenemos en la brutal matanza de Haditha, que tuvo lugar ahora casi hace dos años, en la mañana del 19 de Noviembre del 2005.

Ese día, de madrugada, una mina explota al pasar un convoy estadounidense compuesto por cuatro vehiculos, mata al marine T. J. Terrazas y deja a otros dos soldados estadounidenses heridos. La venganza de sus compañeros no se haría esperar y se cebaría con inocentes civiles iraquíes. Sus primeras víctimas fueron los ocupantes de un Taxi, cinco pasajeros, que fueron obligados a bajar del vehiculo y fusilados a quemarropa cuando tenían los brazos en alto.

A las 7, 45, los marines llegan a la población de Haditha y asesinan a varias familias como represalia por la muerte de su compañero. Conmovedor resulta el relato de la niña Eman Walid, una de las pocas supervivientes de la matanza en casa de sus padres:

"Primero entraron en la habitación de mi padre - un hombre jubilado de 76 años y paralítico - que estaba leyendo el Corán, y oímos disparos. Ví como disparaban a mi abuelo y a mi abuela". Posteriormente, según comenta la niña, los marines se dirigieron hacía la esquina donde los demás habitantes de la casa, todavía en pijama, se habían reunido. Los adultos trataban de proteger a los niños... todos menos Eman murieron, incluso su hermanito Abdulá, de sólo 4 años de edad.

En total en la casa de Abul Hamid, el padre de Eman, murieron 6 personas. A continuación, los marines se dirigieron a la casa de Junes Salim y mataron entre 12 y 19 miembros de su familia.
Posteriormente, los marines dispararon a varios iraquíes más - el número de víctimas ascendió a 25 -, todos civiles indefensos y en muchos casos hombres mayores, paralíticos, mujeres y niños.

Los marines dijeron en un comunicado que la mayoría de víctimas eran insurgentes y que había varias víctimas civiles que habían sucumbido debido al fuego cruzado.

Al parecer, la justícia militar estadounidense ha sido laxa y compasiva con sus muchachos pero este crimen es una inmoralidad de una gran crueldad y los culpables no deberían quedar sin su justo castigo.